Sin sorpresas en Polokwane. No por la victoria argentina, sino por el desarrollo del partido entre el combinado sudamericano y Grecia. Los campeones de Europa de 2004, que necesitaban ganar o empatar y esperar una victoria de Nigeria ante Corea del Sur, salieron con un planteamiento rácano, aunque por desgracia como ya nos tiene acostumbrados Otto Rehhagel. En otras palabras, o Grecia confiaba en la carámbola del empate y esperaba una victoria africana, o bien salieron con la mente en el avión de regreso a Europa.
Y eso que Argentina salió con numerosos cambios respecto el último once, seis. Diego Armando Maradona dejó en el banquillo a Samuel, Jonás, Heinze, Di María, Tévez e Higuaín. Pero claro, los suplentes de la Albiceleste no son poca cosa, sobre todo arriba, con Agüero y Diego Milito el peligro para la zaga helena estaba más que asegurado.
Sin embargo, el partido arrancó tranquilo. Argentina, consciente de que necesitaba tener mucha mala suerte para no ser primera de grupo, no tenía prisa por acercarse a la meta de Tzorvas, mientras que Grecia tenía problemas para pasar de centro del campo. Esto llevó a una primera parte un tanto aburrida, si bien Agüero, en dos ocasiones y una de ellas con el palo de destino, Verón y Messi estuvieron cerca de abrir la lata.
Pero Grecia estaba muy bien plantada atrás, sin apenas dejar espacio para las estrellas sudamericanas, que jugaban al tran tran, sin pisar fuerte al acelerador. La imagen de Argetina fue peor que la que ofrecieron ante Nigeria y Corea, pero la ocasión lo merecía: el rival daba la sensación de no querer atacar, ya que lo único que hacían eran enviar balones largos a Samaras, quien solo ante los centrales sudamericanos poco podía hacer.
Para más inri heleno, Karagounis y Katsouranis se lesionaron. Eran los hombres, junto con Samaras, por los que debería basarse el juego griego, pero con ellos fuera, Rehhagel se quedaba sin un Plan B para buscar la victoria, consciente que en el Nigeria-Corea no recibía la ayuda esperada. Eso sí, en la reanudación Samaras estuvo cerca de firmar la sorpresa con una clara ocasión, pero su disparo se marchó desviado por poco. Pero hasta aquí llegaron las opciones europeas de sumar aunque sea un punto ante Argentina.
Luego volvió el dominio argentino, comandados por un Messi que asumió por primera vez la capitanía de su selección y cuya calidad apareció en cuentagotas, pero demostrando porqué es el mejor jugador del mundo, con una perfecta conducción, regates y remates made in Leo ante los cuales la zaga helena poco podía hacer.
Así, pese a jugar a medio gas, era cuestión de tiempo que llegara el gol de Argentina. Y éste lo hizo de córner por mediación de Demichelis. El central lanzó un misil desde el área pequeña tras recojer el balón después de que su propio remate de cabeza diera en el cuerpo de Diego Milito. Con el 0-1 Maradona hizo debutar en un Mundial a Martín Palermo, que con sus 36 años sólo necesito nueve minutos para marcar su primer gol. Tras una nueva gran jugada de Messi, su disparo lo rechazó Tzorvas, pero el meta poco pudo hacer ante el disparo de Palermo, que estaba muy atento a la reacción del guardameta griego ante el disparo de La Pulga.
En definitiva, el Peter Mokaba de Polokwane fue escenario de un partido en el que solo hubo un equipo, Argentina, que además jugaba como si se tratara de un entrenamiento. Ahora le espera en los octavos de final México, en un duelo apasionante que se disputará el próximo 27 de junio en el Soccer City de Johannesburgo.
Fuente de Imagen: Getty Images
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He aquí la musa de Sneijder...
Así anima Yannicke a la 'roja'...
Ellas también se dejan la piel...
El mejor Mundial está en las gradas...
1 Comentario
30/8/2011 - 06:52 - Anonimo dijo: