Hay que abrir muy bien los oídos para no perder detalle de lo bien que suena esta frase: España, clasificada para las semifinales de la Copa del Mundo. Nunca antes habíamos podido escribir algo así. Solo algo similar en 1950, cuando el gol de Zarra permitió a los nuestros disputar la liguilla final 'a cuatro' en el Mundial de Brasil, que terminó con el 'Maracanazo'. En adelante, ausencias, tandas de penaltis malditas, arbitrajes sospechosos... y fracasos, demasiados fracasos para un país que vive el fútbol tan intensamente.
Pero cualquier muralla que quedase por derribar (si es que esta generación de jugadores tenía alguna pendiente) ha sido pulverizada en el Ellis Park gracias a una aparición en el minuto 82 de David Villa, nuestro 'O'Rei' particular, aunque sea de Asturias. La pelota no quiso premiar con gol de Pedrito una asistencia previa de Iniesta, que se marcó una 'slalom' a lo Maradona, pues el palo privó de ello al canario. Pero el rechace Villa no lo perdonó. La diosa fortuna quiso jugarle otra mala pasada, haciendo rebotar el balón en sendos postes antes de cruzar la raya, pero nadie, ni las divinidades, puede ya frenar al asturiano.
No fue el único guiño caprichoso que el fútbol hizo en este partido. Para la historia de los Mundiales quedarán los minutos que van del 58 al 60. Piqué perdió la marca y cometió un ingenuo penalti, pero tal cosa, que parecía el principio del fin, fue un nuevo capítulo en la leyenda de Iker, que se lo detuvo a Cardozo. A la jugada siguiente, tras un balonazo en largo, fue Villa quien se le escurrió a Alcaraz, que terminó por derribarle. Otra pena máxima. Villa, gafado desde los 11 metros, le dejó el disparo a Xabi, que lo anotó. Pero el árbitro mandó repetir y a la segunda Villar se lo atajó. El rechace le cayó a Cesc, que forzó un tercer penalti más claro que todos los anteriores, pero el colegiado Batres ya prefirió desentenderse...
No se sabía, de entre España o Paraguay, cuál de las dos selecciones acusaría el golpe de la ocasión fallada y cuál el subidón tras la parada de su portero, pero lo que estaba claro era que en ese momento el partido se había roto. Tuvo que darse semejante cataclismo para que la genialidad dejase a un lado la táctica y la presión que había presidido el encuentro hasta entonces. Y es que los paraguayos tenían muy claro como parar a España, lo ejecutaron a la perfección y, a los puntos, puede decirse que iban ganando hasta rebasada la hora de partido.
Empezó a sufrir más el cuadro 'guaraní' cuando Del Bosque dio entrada a Cesc por Fernando Torres. El madrileño trabajó incansable, pero no pudo ni ensayar el remate a puerta, y el catalán, sin encontrar su mejor juego, al menos sí que liberó a Iniesta, que empezó a campar a sus anchas, a aparecer y desaparecer, a desgastar a los zagueros 'guaraníes' y, finalmente, a sacarse de la manga la jugada que, con permiso de los postes, culminaría en el gol de Villa.
Ahora, podemos empezar a pensar en Alemania, ese 'gigante' al que ya derrotamos en la Eurocopa pero que se ha reinventado y parece más fiero todavía, podemos congratularnos de que su mejor hombre, Müller, se perderá la semifinal por sanción mientras que los españoles estarán todos, podemos comenzar a pensar en cómo secar a ese otro 'killer' que es Miro Klose... Pero también podemos sentarnos a disfrutar leyendo una y mil veces la bonita frase: España, clasificada para las semifinales de la Copa del Mundo.
Fuente Imagen: Getty Images
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1 Comentario
8/12/2011 - 12:49 - Anonimo dijo: