En ocasiones, el deporte rey no hace justicia y premia el fútbol rácano y sin espectáculo. Sin embargo, este Mundial de Sudáfrica ha sido diferente, puesto que, en él se ha impuesto la mejor selección, en toda la majestuosidad que conlleva dicha palabra. El combinado español no ha renunciado a su estilo en ningún momento y se ha sobrepuesto a los momentos más complicados haciendo uso de sus señas de identidad, las que, sin embargo, olvidó, parcialmente, en las victorias frente a Honduras y Chile y a causa del duro varapalo que supuso perder en el partido inaugural, frente a Suiza.
La derrota que puso el miedo en el cuerpo a jugadores y aficionados, sin embargo, acabó convirtiéndose en la mejor aliada de la roja, que tocó con los pies el suelo y entendió que en un Mundial no hay que menospreciar ni dar por ganado ningún partido, pese a que, enfrente se encuentre un combinado como el helvético, que, finalmente, no logró superar la fase de grupos. A base de trabajo, empuje y dejando de lado las críticas que iban lloviendo sobre la selección continuó caminando segura la roja, comandada por Vicente del Bosque. El hombre tranquilo, como le llaman, ha recibido 'palos' por todos los costados pero ha sabido aguantar el tipo, rectificando cuando ha sido necesario.
Del salmantino se ha criticado el doble pivote formado por Sergio Busquets y Xabi Alonso y, también, que adelantara, en exceso, la posición de Xavi Hernández en varios partidos. Sin embargo, Del Bosque se mantuvo firme en la pareja de mediocentros y analizó las palabras de los que decían que el de Terrassa mueve mejor el compás si está más retrasado. Demostrando que en la roja ni hay un sistema idéntico para cada partido ni hay galones, reubicó a Xavi hasta que volvió a demostrar su mejor nivel y sentó a Fernando Torres en las semifinales frente a Alemania, cuando entendió que el de Fuenlabrada, pese a ser un excelente jugador, no estaba al 100% de su rendimiento físico.
Su situación había lastrado a España y al propio Torres, demasiado obsesionado con olvidar las dolencias que le hicieron llegar in extremis al Mundial de Sudáfrica y que han impedido ver su mejor versión en este Mundial de Sudáfrica. Con la entrada de Pedro y con Villa como único punta, ganó frescura la selección, ante Alemania, y, tanto fue así, que repitió alineación en la gran final, frente a Holanda.
Sin embargo, cada partido es un mundo y, en esta ocasión, Del Bosque vio claro que había que relevar, en el segundo tiempo, a Pedro por Jesús Navas y dar entrada a Cesc Fàbregas en detrimento de Xabi Alonso para desatascar un encuentro que trabaron, a base de bien, los holandeses. La fórmula volvió a surtir efecto y en el minuto 115, correspondiente a la segunda parte de la prórroga, Andrés Iniesta daba a España la victoria en un Mundial en el que es, por méritos propios, justa vencedora.
Ha ofrecido espectáculo y ha derrochado casta y un compañerismo que hace fuerte a este conjunto. En España no hay galones, ni redencillas, ni recriminaciones entre los jugadores, que se acuerdan tanto de los que están como de los que, por desgracia, ya no pueden jugar con la roja. El gol más importante de su vida se lo dedicó Iniesta a su compañero fallecido Dani Jarque y Sergio Ramos se enfundaba la camiseta con la cara de Antonio Puerta cuando el colegiado del encuentro, Howard Webb, señalaba el final de un encuentro histórico para la roja.
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