Cuando España halló el fantástico estilo de juego que ahora la define, comenzó a crecer como conjunto y terminó conquistando la Eurocopa de 2008, Luis Aragonés se llevó buena parte de los méritos. El 'sabio de Hortaleza' había apostado por una renovación profunda, había conseguido aglutinar a los jugadores a su alrededor y había sabido darse cuenta de que los 'locos bajitos' eran los jugadores adecuados para alcanzar el éxito. Pero Luis era un tipo mucho más complicado que Del Bosque, tenía tantos detractores como admiradores y los primeros, tras la Eurocopa, tuvieron que envainársela. Los segundos, pudieron explayarse aireando tantas veces como les vino en gana las virtudes de Aragonés.
Del Bosque, en cambio, tiene menos detractores, porque siempre se ha cuidado de no crearse problemas absurdamente. Como contrapartida, sus defensores no tiene enemigos contra quienes pelear, no tienen a quién restregarle el buen hacer del seleccionador. Y el resultado final es que el salmantino queda relegado a un segundo plano, como si él no fuera parte importante de este equipo que está superando los registros del de 2008. A Del Bosque ya le está bien este papel, pero es de justicia reconocer que el Mundial que está haciendo desde el banquillo, como los jugadores sobre el césped, es soberbio.
Empezando por la convocatoria, donde se atrevió a llevar a Valdés, reconociéndole sus méritos, cuando casi todos esperaban que se hiciese el 'longuis' y llevara a Diego López, que era lo más políticamente correcto. O cuando se decidió a incluir entre los 23 a Pedro y no solo de cara a la galería, sino para acabar jugando de titular quién sabe si incluso la final. O cuando llamó a Llorente en detrimento de Güiza, sabedor de que las diferentes características que aportaba el del Athletic podían serle de gran utilidad, como así resultó se ante Portugal, por ejemplo.
Mérito del seleccionador español fue también la gran gestión que hizo de la primera y complicada derrota a manos de Suiza, impidiendo que la histeria se apoderara de todos. O la posterior utilización de recursos que hizo empleando, por ejemplo, a jugadores como Navas o Mata ante Honduras, o Cesc ante Chile (recordemos que han jugado minutos todos excepto el lesionado Albiol y los dos porteros reserva...).
La clarividencia de Del Bosque subió un peldaño más en los cruces, cuando tomó decisiones certeras y en los momentos precisos. Por ejemplo, la entrada de Llorente para desatascar el partido ante Portugal, o la inclusión de Cesc ante Paraguay para mejorar la circulación de balón. Y qué decir del movimiento maestro, Pedrito por Fernando Torres en la semifinal contra Alemania para volver loco a Joachim Löw... Realmente, si Capello, Lippi, Hitzfeld o Bielsa están en el Olimpo de los entrenadores, habrá que inventar otro término para definir el escalón en el que se encuentra Del Bosque.
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1 Comentario
8/12/2011 - 09:51 - Anonimo dijo: